LA RELIGIOSA

La vida de la M. Ágreda es impensable sin este marco de la clausura concepcionista. La orden de santa Beatriz la orientó hacia el misterio central de la Inmaculada Concepción, que había de ejercer en toda su vida una fascinación humanamente inexplicable. La inexorable reclusión de la vida enclaustrada encauzó la fuerza poderosa de su inteligencia y de su voluntad hacia un crecimiento en dirección vertical. La estrechez del monasterio primero, reducido a los muros de la casa paterna, lanzó a la adolescente María de Jesús a una vida de superior expansión hacia la mística. Bien pronto, ya desde el noviciado, hizo eclosión en ella esta llamada

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mística, con abundantes fenómenos de arrobamientos y éxtasis. Comenzó esta etapa a los 18 años aproximadamente. La forma que los trances místicos revistieron era la del éxtasis. La joven concepcionista permanecía inmóvil e insensible por espacio de dos o tres horas. El éxtasis venía acompañado de la levitación. Se elevaba sobre el pavimento y adquiría una levedad tan pasmosa, que un pequeño soplo podía mover en uno y otro sentido la masa ingrávida de su cuerpo. Se enardecía su rostro hasta tomar la forma de un verdadero serafín. Y estos arrobos llegaron a más del millar, por lo general, en presencia de gente indiscreta.

El convento era pequeño. Los seglares de la villa asistían a la misa en la pequeña capilla, y no faltaron indiscretos que, en convivencia con las religiosas, se acercaban a ver la cara encendida de la joven monja en éxtasis.

Extractos del libro: Ven. María de Jesús de Ágreda, Concepcionista. P. Antonio María Artola, C.P. Ágreda 1996.

Sus arrobamientos